La web

En estos días hubo una discusión en el blog de Sergio sobre la web. Sergio escribió por qué le gusta la web. Yo iba a responder ahí, pero lo que escribí se me alargó y además quería revivir el blog, así que decidí publicarlo aquí. Primero voy a dar una descripción de lo que, a mi juicio, es la historia de la web. Esto no está precisamente en orden cronológico y puede tener errores si mi memoria ha fallado. Las correcciones son bienvenidas.

La web no fue diseñada para hacer aplicaciones. La web fue diseñada como un medio para compartir documentos conectados por enlaces en Internet. El detalle aquí fue la web se popularizó de una manera increíble, llevando a que se quisiera usar para muchas otras cosas más. El resultado de todo esto es que la web tal y como la conocemos actualmente es sólo una suma de hacks sobre aquel sistema de documentos con enlaces.

Uno de los primeros hacks fue CGI. La web, como el correo electrónico o el FTP, no estaba diseñada para correr programas. Pero a alguien se le ocurrió que sería interesante que se pudiera mostrar contenido creado dinámicamente por un programa. Junto con el CGI vinieron los formularios. Y el sistema de documentos ahora también servía para ingresar información y mandarla a un servidor web, el cual podía responder y generar un documento personalizado acorde a los datos ingresados.

Después vino la explosión de la web. Y el primitivo sistema era cada vez insuficiente para mostrar los contenidos que se querían. Llegaron lo GIFs animados, los MIDIs de fondo, los frames, las tablas para hacer el “layout” de la página, los “blink”, etc. Aquí vino el primer colapso de la web. Resultó que hacer sitios web era un trauma increíble. El código HTML de cualquier página medianamente compleja era horrible. Decidieron que había que cambiar muchas cosas. Crearon CSS para separar el contenido de la presentación, comenzaron las campañas en contra de los frames y las tablas. Pero ahí no terminó todo. Con la web cada vez más popular, ya no queríamos sólo documentos bonitos, ahora queríamos cosas parecidas a las aplicaciones de escritorio: menús desplegables, drag and drop, etc.

En esa carrera por ampliar un centímetro más las capacidades de la web, los navegadores dejaron de ser simples visualizadores y se convirtieron en entornos de ejecución. Aparecieron los lenguajes como Javascript o VBScript. Con esto las páginas, originalmente pensadas para ser estáticas, se volvieron dinámicas. Con Javascript era posible cambiar la página a medida que corre un programa en el navegador. Esta abominación se llama DHTML. Luego, resultó que no era tan útil sólo tener páginas dinámicas, que no pudieran comunicarse con el exterior. Y casi por casualidad, en algún momento de la guerra de los navegadores, a alguien se le ocurrió agregar una función de Javascript que pudiera acceder a un servidor web. Y nació otra abominación: AJAX.

En el lado del servidor las cosas tampoco eran fáciles. El esquema de trabajo de la web era bien simple: el cliente manda una petición de un documento y el servidor la recibe y manda el documento. Se acabó, eso era todo. Pero ahora la web no era para mostrar documentos, sino para ejecutar aplicaciones. Había un problema enorme y era que el esquema de petición-respuesta de la web no tenía un concepto de sesión. ¿Cómo saber que una petición fue realizada por el mismo cliente que antes hizo otra relacionada? Los hacks para que hubieran sesiones en HTTP no se hicieron esperar: nacieron los campos de formulario ocultos, las crípticas largas cadenas HTTP GET con información de la sesión, etc.

Y esta es la historia de la web: hack tras hack, machetazo tras machetazo. La historia del desarrollador web es un continuo batallar por hacer que algo funcione en una forma para lo que no fue diseñado. La web es una mala experiencia para el usuario y para el desarrollador.

Una mala experiencia para el usuario se evidencia en varios sitios. ¿Alguien ha probado YouTube en HTML5? (por cierto HTML5 es el último machetazo de moda) ¡Qué mal que funciona! Por Dios, estamos en 2010, hacer un sencillo reproductor de vídeo debería ser trivial ¿no? Si a los brillantes desarrolladores de Google les cuesta hacer esto, ¿qué podríamos esperar de hacer un editor de vídeo como Adobe Premier? Tocará esperar al 2050. Mis experiencias con Google Docs también son frustrantes. Son programas con características muy simples, más simples que sus equivalentes de escritorio de hace décadas, y llenos de bugs, incluso cuando corren en Chrome.

Hay un aplicación web que me gusta, a pesar de que es bastante simple: Flickr. Pero no dudo de que sus desarrolladores sudaron bastante.

La web también es mala experiencia para los desarrolladores, especialmente en el lado del cliente. Por ejemplo, si en una aplicación de escritorio yo quiero pintar un cuadro, simplemente digo algo como pintar_cuadro(x, y, w, h). En la web, para crear el mismo efecto hay que crear un bloque donde iba a ir un párrafo, sólo que sin ponerle ningún texto adentro. Utilizar CSS para que ese cuadro tenga el tamaño y apariencia deseado, que se ajuste adecuadamente al documento, que no corra el texto a su alrededor. Luego hay que decirle que tenga la propiedad de ser invisible. Y por último, para lograr el efecto “pintar cuadro” hay que hacer que la propiedad del cuadro pase de “invisible” a “visible”. Y eso que no hablamos de los hacks que se tienen que hacer para X y Y navegador. Es por esto que la gente no hace esto a mano, sino que usa herramientas como JQuery o GWT. Pero estas capas hacen las cosas lentas y son difíciles de extender. Por eso, por más que uno tenga un computador potente, la aplicación web funciona como si estuviera en un 286.

Para aplicaciones con interacciones sencillas la web está bien. Pero cualquiera que esté al tanto de las innovaciones en experiencias de usuario e interfaces, sabrá que la web se queda muy corta. Hacer aplicaciones web que tengan una interacción con el usuario medianamente compleja es una labor titánica hoy en día. No conozco ninguna aplicación web que me convenza. Y las que más o menos impresionan, tienen un excesivo trabajo de sus desarrolladores.

Otra cosa: la web sólo permite un lenguaje en el cliente: Javascript. Y según la gente de StackOverflow.com, es uno de los lenguajes con cosas más raras que existen.

Bueno, aparte de rajar. Me gustaría decir que hay cosas de la web que me gustan mucho: La ubicuidad, como mencionaba Sergio. Que chévere es poder acceder a las cosas desde cualquier PC y tener ahí los datos y todo. (Aunque esto a veces puede ser una pesadilla, preguntenle a mi amigo Diego Escalante a quien Google le cancelo sin motivo aparente su cuenta y quedó frito). Que bueno que las aplicaciones sean multiplataforma. Que se actualicen automáticamente, etc. Hay algunas tecnologías que usan las ventajas de la web, con mayor flexibilidad en el desarrollo: un ejemplo es Silverlight o Flash/Flex/Air. Pero no me gusta mucho que detrás de estas estén empresas tratando de ser amo y señor de la web. A mi me gustan los estándares. Pero HTML5 me desilusiona. La W3C debería replantear todo, ya no queremos más hacks sobre lo mismo, sino algo que realmente esté diseñado para lo que debe hacer.

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